Subsidios masivos para tecnología exigen auditoría previa en la gestión local
La reciente asignación de seiscientos millones de euros en España para subvencionar inteligencia artificial en pequeñas empresas abre una discusión necesaria en Montevideo. Programas de esta magnitud entusiasman a directores y gremiales, pero trasladan una pregunta incómoda al tejido empresarial uruguayo. ¿Sabe una firma local qué hacer con una herramienta automatizada antes de recibir fondos públicos para comprarla?
Existe la creencia generalizada de que la inyección de capital estatal o el acceso a créditos blandos resuelven por sí solos los problemas de competitividad. Se asume que adquirir licencias avanzadas equivale automáticamente a una mejora en la rentabilidad o en la velocidad de entrega al cliente.
Las pymes uruguayas operan cotidianamente con trabas operativas estructurales que ninguna computadora de última generación puede solucionar por sí sola. Si el inventario físico no coincide con el registro contable o si los pedidos de los clientes se anotan en cuadernos de papel, incorporar analítica predictiva solo acelera el desorden existente.
La eficiencia operativa y el orden interno preceden siempre a la adopción de cualquier sistema automatizado. Ningún algoritmo corrige un proceso comercial mal diseñado o un flujo de caja desordenado.
Antes de solicitar financiamiento o destinar presupuesto corporativo a software sofisticado, los directores deben mapear cada paso del servicio actual. Es imperativo medir el tiempo real que consume cada tarea administrativa, identificar dónde se pierde información entre departamentos y capacitar al personal en el manejo riguroso de datos básicos antes de escalar hacia modelos complejos.
Tal como señala la Revista Cloud Computing al repasar los planes de fomento europeo, la tecnología amplifica tanto los aciertos como las debilidades operativas de una organización.




