No escribimos para que usted piense como nosotros
UOL nació vinculada a la tecnología, Internet y la transformación digital. Pero la tecnología dejó hace tiempo de ser solamente una cuestión de computadoras, programas y empresas.
Hoy decide qué vemos. Qué compramos. Cómo trabajamos. Qué información recibimos. Qué información dejamos de recibir. Qué sabe una empresa sobre nosotros. Qué puede hacer una inteligencia artificial con nuestros datos, nuestro trabajo y nuestras decisiones.
Por eso UOL también necesita una voz editorial.
No para decirle al lector qué debe pensar.
Para darle elementos para que pueda pensarlo por sí mismo.
Una redacción con nombres
La Redacción Editorial de UOL tiene dos voces principales: Facundo Michelena y Marina Azevedo.
Facundo aporta una mirada construida desde la informática, los sistemas, la administración, Internet, el marketing y décadas de convivencia con los cambios tecnológicos. Su enfoque suele partir de una pregunta bastante sencilla: detrás de todo lo que se anuncia como innovación, ¿qué está ocurriendo realmente?
Marina aporta otra perspectiva. Brasileña, especializada en inteligencia artificial y tecnología, observa la transformación digital desde sus consecuencias sobre las personas. No entiende la tecnología como una colección de herramientas sino como algo que modifica trabajos, empresas, relaciones, hábitos y decisiones.
Son miradas diferentes deliberadamente.
Porque una redacción en la que todos piensan exactamente igual termina teniendo demasiadas certezas y muy pocas preguntas.
Dos firmas. Una redacción.
Facundo y Marina son las firmas visibles de esta sección, pero nuestra Editorial no pretende representar solamente sus opiniones personales.
Los textos recogen discusiones, análisis, información y puntos de vista que forman parte del trabajo de todo el equipo de UOL.
No buscamos fabricar una supuesta unanimidad interna. Puede haber diferencias. Es saludable que las haya.
Lo que compartimos es un criterio editorial.
Los hechos deben diferenciarse de las opiniones.
Una afirmación importante necesita fundamento.
La tecnología merece ser analizada también cuando falla.
Una empresa puede ser extraordinaria y tomar una decisión cuestionable.
Una inteligencia artificial puede representar un avance formidable sin que por eso debamos convertirnos en su departamento de marketing.
Y ninguna simpatía política, empresarial o ideológica debería modificar aquello que encontramos cuando analizamos un tema.
No tenemos partido. Tampoco necesitamos uno.
UOL no está alineada con partidos políticos, gobiernos, candidatos ni movimientos ideológicos.
Eso no significa que la política quede fuera de estas páginas.
Cuando una decisión gubernamental afecte la tecnología, Internet, las empresas, el empleo, la inteligencia artificial, la privacidad, la libertad de expresión o la economía digital, hablaremos de ella. Y podremos cuestionarla. Independientemente de quién gobierne.
También podremos reconocer una buena decisión sin convertir ese reconocimiento en adhesión política.
La independencia editorial no consiste en no tener opiniones.
Consiste en que nadie desde afuera decida cuáles podemos tener.
La publicidad tampoco compra nuestra opinión
UOL es también una empresa y puede mantener relaciones comerciales, ofrecer servicios, establecer alianzas o publicar publicidad.
Eso no convierte al anunciante en editor.
Un acuerdo comercial no concede inmunidad editorial.
Una empresa mencionada favorablemente hoy puede ser cuestionada mañana si existen razones para hacerlo.
Y una empresa cuestionada editorialmente puede contratar servicios de UOL sin que eso compre una palabra de nuestras páginas.
La separación tiene que ser sencilla de entender: El cliente compra un servicio; no compra nuestra opinión.
No practicamos la neutralidad artificial
Hay una diferencia entre independencia y esa curiosa costumbre de colocar dos afirmaciones enfrentadas una al lado de la otra y considerar que el trabajo periodístico terminó.
No siempre dos versiones tienen el mismo respaldo.
Nuestra obligación es buscar información, contrastarla, proporcionar contexto y distinguir entre hechos comprobables, interpretaciones y opiniones.
Después, el lector decidirá.
Puede coincidir con nosotros.
Puede considerar que estamos completamente equivocados.
Las dos cosas forman parte del mismo acuerdo.
Porque UOL no pretende construir lectores obedientes.
Prefiere lectores informados.
También desconfiamos de nosotros mismos
Probablemente ésta sea la parte más importante de nuestra política editorial.
Podemos equivocarnos.
Podemos interpretar mal un dato, sobrevalorar una tendencia tecnológica o descubrir posteriormente información que cambie una conclusión anterior.
Cuando ocurra, corregiremos.
No creemos que reconocer un error debilite una publicación. Lo contrario suele ser bastante más peligroso: enamorarse de una posición y comenzar a seleccionar solamente los hechos que permiten conservarla.
Nuestra lealtad no está con una conclusión anterior.
Está con la información disponible.
Desde la platea
El poder político tiene sus representantes.
Las empresas tienen sus departamentos de comunicación.
Las marcas tienen sus agencias.
Los movimientos tienen sus militantes.
Nosotros preferimos otro lugar.
Observar. Preguntar. Investigar. Comparar. Explicar. Y, cuando corresponda, cuestionar.
Sin pedir permiso y sin exigir obediencia.
Facundo Michelena y Marina Azevedo ponen sus nombres en esta página.
Detrás está el equipo de UOL.
Y delante hay alguien bastante más importante: el lector, que tiene derecho a recibir información suficiente para sacar sus propias conclusiones.
