La apuesta de USD 5.700 millones en centros de datos y energía solar abre una oportunidad para Uruguay. Para aprovecharla, hace falta conocer cuánta agua utilizará, qué empleo permanente generará y cómo podrán participar las empresas locales.
Uruguay tiene motivos para celebrar el anuncio de Solaria. Una inversión de USD 5.700 millones merece atención por su tamaño y por lo que puede representar: la posibilidad de que el país gane un lugar en la infraestructura que sostiene a la inteligencia artificial.
También merece preguntas. Recibir una inversión y exigir información son dos responsabilidades que deben ir juntas.
Según la información publicada por Infobae, la empresa española destinará USD 5.500 millones a infraestructura informática y USD 200 millones a generación eléctrica. La primera fase contempla 200 megavatios de centros de datos entre Canelones y San José, y 300 megavatios de energía solar en Florida.
La construcción finalizaría entre 2029 y 2030 y ocuparía a más de 3.000 personas. El proyecto funcionaría bajo el régimen de zona franca.
Las cifras entusiasman. Ahora falta conocer las condiciones que permitirán convertir ese anuncio en beneficios concretos para el país.
Una ventaja que Uruguay construyó
El interés de Solaria tiene una explicación. Los centros de datos necesitan electricidad, estabilidad y previsibilidad. Uruguay cuenta con una matriz eléctrica mayoritariamente renovable y una continuidad institucional que pesan a la hora de decidir inversiones de largo plazo.
Esa posición es el resultado de políticas sostenidas durante años. Corresponde reconocerlo: el país construyó una ventaja y tiene derecho a aprovecharla.
La oportunidad, además, va más allá de alojar servidores. Puede impulsar formación técnica, desarrollar proveedores y acercar infraestructura a empresas e investigadores uruguayos. Para que eso ocurra, hay que incorporarlo a la discusión desde el comienzo.
El agua necesita una respuesta
La principal pregunta pendiente es concreta: ¿cuánta agua utilizará el proyecto?
Según el artículo citado, no se conocen públicamente el consumo previsto ni el sistema de refrigeración. Es información indispensable para evaluar una instalación de esta escala.
Los servidores generan calor y necesitan enfriamiento. El impacto sobre el agua depende del diseño elegido. Por eso, una promesa general de vigilancia ambiental debe acompañarse de datos que la ciudadanía pueda consultar y comprender.
Uruguay ya atravesó esta discusión con el proyecto de Google en Canelones. Su diseño original contemplaba un consumo de agua potable que generó cuestionamientos, especialmente durante la sequía de 2023. La empresa terminó modificando el proyecto e incorporando refrigeración por aire.
La experiencia deja una enseñanza: informar temprano permite discutir con mejores elementos y construir confianza.
Solaria debería presentar su sistema de refrigeración, sus necesidades de agua y las medidas previstas para períodos de escasez antes del inicio de las obras.
Después de la construcción, ¿qué queda?
Los más de 3.000 puestos anunciados corresponden a la etapa de construcción. Es una buena noticia para los trabajadores y para las empresas que puedan participar. Pero falta saber cuántos empleos permanecerán cuando los centros de datos comiencen a operar.
También importa qué formación exigirán y cómo se preparará a los trabajadores uruguayos para acceder a ellos.
El régimen de zona franca vuelve especialmente relevante esa evaluación. Los beneficios impositivos deben analizarse junto con los aportes que recibirá el país: empleo, conocimiento, compras locales y oportunidades de desarrollo.
Hay espacio para acuerdos con universidades, programas de capacitación y acceso a capacidad de cómputo para investigadores, startups y empresas nacionales. Son objetivos que conviene negociar y traducir en compromisos verificables.
La oportunidad para las pymes
Para una pyme, un anuncio de miles de millones de dólares puede parecer lejano. Sin embargo, una obra de esta magnitud necesita servicios eléctricos, construcción, transporte, alimentación y mantenimiento.
La oportunidad existe si las empresas locales conocen a tiempo qué se contratará, qué requisitos deberán cumplir y cómo podrán presentarse.
Un registro público de proveedores y mecanismos claros de contratación ayudarían a convertir esa posibilidad en trabajo.
La cercanía de los servidores también podría mejorar los tiempos de respuesta de algunos servicios digitales. El beneficio dependerá de la conectividad, de la oferta comercial y de las condiciones de acceso. Tener infraestructura instalada es un primer paso; conseguir que las empresas uruguayas puedan aprovecharla requiere trabajo adicional.
Celebrar y exigir información
Nuestra posición es clara: Uruguay debe recibir esta inversión y trabajar para que deje valor en el país.
Eso exige publicar el consumo de agua previsto y el sistema de refrigeración; informar el empleo permanente esperado; promover acuerdos de formación y acceso a infraestructura; y abrir oportunidades concretas para proveedores locales.
El anuncio merece ser celebrado. La confianza se construirá con información pública, compromisos claros y resultados.
Uruguay ya demostró que puede transformar su matriz eléctrica. Ahora tiene la oportunidad de convertir esa ventaja en desarrollo para su gente.


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